El EEES. En torno a varios comentarios
Los últimos comentarios prueban que el EEES está en el centro de las reflexiones y preocupaciones de la comunidad universitaria. Las múltiples cuestiones que suscita permiten utilizar calificativos diferentes e incluso opuestos. Mientras que Juan C. Álvarez coincide en considerarlo como una “oportunidad”, Dexota lo ve como “un embolado de aúpa”. El primero destaca la necesidad de establecer nuevos paradigmas de gestión y de evolucionar en los procesos y estructuras. Lo que ineludiblemente trae consigo el involucrar a todos en el esfuerzo. Puedo decir que así lo apuntamos en nuestro Programa cuando nos referimos a la voluntad de “Implicar a todos los actores”.
Esculapio señala el conocido problema de que no siempre quien posee conocimientos tiene también capacidad para transmitirlos adecuadamente. Es éste un aspecto permanentemente presente en la docencia pero con el EEES cobra especial interés. Por eso nos proponemos estimular la renovación pedagógica del profesorado y promover planes formativos.
Por su parte, Dexota se refiere a otros dos temas de gran importancia: la determinación de la carga docente del profesorado y la financiación de la implantación del EEES. Sobre la primera, no hay nada regulado todavía. La normativa guarda absoluto silencio. Cabe esperar que el Estatuto del PDI, que debe adoptar el Gobierno por mandato de la LOU, se ocupe de ella. Nuestro Programa incluye entre sus medidas la de reconocer la labor docente del profesorado no sólo respecto de su docencia presencial sino de las labores de tutorización e innovación docente desarrolladas. Respecto a la financiación, afirmamos que “pretender realizar el proceso a coste cero es un puro voluntarismo que iría en detrimento de la adecuada consecución de los objetivos”. Un documento elaborado en 2007 en el seno del Consejo de Coordinación Universitaria enumera los aspectos que requieren más recursos en el EEES y los que no, para llegar a la conclusión de que la experiencia de otros países que ya aplican las metodologías de enseñanzas/aprendizaje del EEES revela que: no tienen más profesorado estable; tienen mayor disponibilidad de recursos para el aprendizaje (laboratorios, bibliotecas, tecnologías), tienen más profesorado en formación y más personal de apoyo al aprendizaje. Ahí tenemos algún elemento para valorar y seguir comentando.
Gracias a todos.
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Sólo unas líneas para compensar “excesos” en otros comentarios.
Temo un poco lo que me parece una suerte de “fijación” del EEES o, al menos, de algunas indicaciones o proyectos desde el mismo. Me refiero a cierta musiquilla que canta la formación de profesionales listos para incorporarse al mumdo productivo. En absoluto rechazo que la Universidad contribuya así a la vida social, no. Sería, además, un error hacerlo. Pero, ¿no se estará alentando un enfoque reduccionista de la Universidad hurtándosele el ineludible espacio de producir conocimiento por sí mismo y de trasmitirlo? ¿Acaso la función de la Universidad reside casi en exclusiva en formar productores de inmedita incorporación al mercado laboral?
No creo que estos interrogantes u otros en similar dirección sean mera retórica. De la respuesta que se les otorgue se desprenderá un estilo de Universidad y, en la medida que ésta refleja y crea sociedad, también apuntará hacia un tipo y modo de vida social y ciudadana.
Como dice Modesto, si la Universidad se ciñe a la formación de profesionales competentes sin un valor añadido de conocimiento, ¿no se convertiría en una FP? Más aún, algunas titulaciones correrían el riesgo de perder su sentido. Y llevando la cuestión mucho más lejos, ¿dónde residiría el conocimiento que hasta ahora se suponía custodiado por la Universidad?
Eso de custodiar me suena al tesoro de la corona. Lo que necesita la Universidad es seguir abriendo canales, adaptándose a la realidad y estableciendo un diálogo con la sociedad (en todos los sentidos: alumnos de secundaria, empresas, profesionales…), a través de las nuevas tecnologías. De otra manera, por ejemplo, no podríamos estar haciendo llegar a la candidata al Rectorado nuestras opiniones.
es a veces abismal.
Al fomentar este tipo de iniciativas de diálogo, Paz se ha convertido en clara favorita por quien apostar (así lo veo yo y algunos más).
Respecto al EEES, me gustaría expresar lo que yo y otros hemos venido constatando en cuanto a las diferencias entre las universidades del extranjero y la propia. Tras una breve pero interesante experiencia en el extranjero, pude constatar que el número de clases magistrales o los programas de estudios abultados no tienen por qué ser indicativos de calidad educativa. Echo en falta la formación de personas en la capacidad crítica, la bidireccionalidad en la interacción profesor-alumno y la posibilidad de compatibilizar los estudios con aquello a lo que se aplican: la vida (algo extrapolable a todas las áreas de conocimiento). Aunque la tendencia hacia estos avances ya ha sido iniciada, debe ser potenciada por la implantación del EEES, llegando a permitir al alumno un mayor grado de autonomía y responsabilidad mediante programas de estudios más flexibles (evitando una carga lectiva excesiva en la medida de lo posible, lo cual permitiría al profesorado ofrecer mayor calidad y tiempo para la investigación).
El alumnado en muchas ocasiones parece sordo, mudo e inconsciente, pero tenemos que aprovechar los canales que se nos brindan para dar a conocer nuestra opinión.
He oído a Paz Andrés hacer alusión a una reforma de la administración. Ojalá sus reformas signifiquen también que deje de haber universidades “de segunda” o al menos que se reduzcan las diferencias. Las diferencias en cuanto al material con el que cuentan unas y otras (bibliotecas, soporte tecnológico…
Con mis mejores deseos de que salga elegida el próximo día 15, y con la esperanza de que los canales de diálogo sigan abiertos, le mando un afectuoso saludo.
Siempre podemos adaptarnos tanto a la realidad y lo que pide la sociedad que acabemos impartiendo una titulación de Licenciatura en Salsa Rosa, o Ingeniería Técnica en Chiki-Chiki, especialidad OT; todo ello dejando de lado, naturalmente, el elitistamente llamado “conocimiento superior” que da lugar a la antidemocrática “educación superior”, a desterrar porque, como todo el mundo sabe, todos somos la bomba. ¿Para qué guardar el conocimiento, si realmente no hace falta? Como mucho es útil para el Pasapalabra.
Nada, nada. A la porra el conocimiento. Formemos para ejercer una profesión, y listos.
Un momento… Ahora que caigo… ¿Eso no era la Formación Profesional?
Grandes argumentos, los de este anónimo compañero. Pero la educación superior no tiene nada que ver con la democracia, ni con la antidemocracia (sea lo que sea). Tiene que ver con que los mejores se formen en las mejores condiciones posibles. Los mejores. No los más ricos, ni los más afortunados, ni los más favorecidos. Es nuestro deber y nuestra responsabilidad que los más capacitados puedan acceder a la educación superior independientemente de sus medios. ¿Sabe cuál es el criterio para acceder a la Universidad? La nota media del expediente y de la prueba de acceso. No el dinero, ni la filiación política de los padres. A mi lado han estudiado alumnos cuyas familias eran más ricas y más pobres de lo que eran mis padres. Algún compañero estudió su carrera completamente becado, como sus hermanos (4 hermanos estudiando a base de becas simultáneamente), y con el sacrificio de sus padres. Hoy son profesionales con una formación superior, porque pertenecen a una sociedad que da oportunidades a quien las merece y es capaz de asumir el sacrificio que exigen.
Cuanto miedo a la palabra superior. Cuántos complejos. Cuanto abuso del concepto de elitismo. Maravíllese: las personas no son iguales; los hay más capaces y menos capaces. Lo que debe asegurar la sociedad es que sean iguales en derechos y en oportunidades, pero también debe asegurar que los más capaces puedan desarrollar plenamente su capacidad. ¿Acaso esta Universidad no continúa financiando titulaciones en las que el número de alumnos de nuevo ingreso se pueden contar con los dedos de una mano? Por supuesto que sí, y lo seguirá haciendo en el futuro, gane Paz o gane Gotor. La sensibilidad que hemos mostrado hacia estos estudios, a los que los economistas tildarían de ineficientes ha sido exquisita. ¿Cuántos profesores están impartiendo más de 24 créditos mientras otros no cubren su docencia ni de lejos? Esta es una Universidad en la que sus miembros son solidarios entre sí (a veces, incluso a su pesar). Pese a todos sus defectos, que los tiene, es para estar orgullosos de ella. Lo único que hay que desear es que podamos mejorar lo que funciona mal, pero eso no puede llevarnos a un análisis tan simplista como el suyo. La forma en la que usted critica nuestra Universidad pone de manifiesto lo poco que la conoce.
Amigo kovacks, soy el mismo anónimo de hace dos mensajes. Malinterpretas mis palabras, puesto que comparto exactamente tus argumentos. No es la Universidad lo que critico, sino esa corriente de opinión que pretende vulgarizarla y reducirla a una academia particular. Creo firmemente que una de las grandes misiones de la universidad (no la de Oviedo, sino el conjunto de todas) es esa custodia del conocimiento superior que tan curiosa resulta a nuestra “estudiante de Humanidades”. La universidad es mucho más que un centro educativo, y quien lo considere así es quien realmente no tiene una idea de su misión en la sociedad. La universidad genera conocimiento por medio de la investigación (es el primer motor mundial de investigación), conocimiento que en infinidad de ocasiones no es necesario para un ejercicio profesional directo, o no es interesante para la empresa, pero que es conocimiento al fin y al cabo. ¿Qué hacemos con él, entonces? ¿Tirarlo? Hablamos, efectivamente, de enseñanza superior, de conocimiento superior. En una reunión con directivos de empresas uno de ello (de una potente empresa asturiana) alzó la mano y dijo, textualmente: “yo siempre entendía que el conocimiento superior era para gente con capacidad superior”. Pero eso hoy se considera un atrevimiento. Afortunadamente la universidad está consiguiendo escapar de esta tendencia a igualarnos a todos, pero el cerco cada vez es más estrecho, e incluso la candidata cuyo blog nos alberga ya ha hecho pública su percepción de que los conocimientos de los actuales estudiantes que acceden a la universidad son más que razonables (menos mal que los planes de estudio contienen lo que se debe impartir, porque si no acabaríamos enseñando a nuestros alumnos a hacer raíces cuadradas).
“Eso de custodiar me suena al tesoro de la corona”, dice nuestra estudiante. Pues sí, el conocimiento es el tesoro que tenemos en la universidad. ¿Cuál es si no? (por favor, obvien las respuestas demagógicas tan atractivas antes esta pregunta). Y no podemos andar devaluándolo por populismos ni corrección política.
Comprendo que la visión desde las humanidades no es la misma que desde las ciencias experimentales o las enseñanzas técnicas, pero a pesar de nuestras diferentes perspectivas estoy seguro de que estaremos todos de acuerdo. Debemos avanzar hacia una mayor riqueza, especialmente de conocimientos, y esa riqueza no nos la va a dar nadie que no sea la universidad.
Disculpe que en mi mensaje anterior no haya sido claro en mi intención.